Historia de la Fundación RENACER
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"Encontramos un parche,
un grupo como de unos treinta niños y niñas, consumidores
de sustancias psicoactivas que vivían de la limosna y de
los atracos y robos cometidos en su vecindario y que, además
de las relaciones sexuales indiscriminadas al interior del grupo,
ocasionalmente se prestaban para obtener algo de dinero a cambio
de favores sexuales a terceros... Con ellos comenzamos hace unos
11 años..."
(Grupo Renacer)
A partir del Primer Congreso Mundial contra la Explotación
Sexual Comercial de niños y niñas un buen número
de paises del mundo -122 exactamente - se comprometió a estudiar,
desarrollar y poner en marcha Planes Nacionales de Acción
contra esta problemática que se hizo muy evidente a nivel
internacional a partir de la información que cada representante
entregó en dicho evento.
Para 1999 solo un número muy pequeño - cerca de 40
paises- había desarrollado un Plan de Acción y lo
había puesto en marcha. Al parecer, asuntos económicos,
prioridades políticas y convicciones culturales hacen que
ciertos gobiernos no conozcan, den poca importancia o incluso acepten
el comercio y la explotación sexual de niños y niñas
en sus respectivos paises y por lo tanto no hayan cumplido aún
su compromiso.
Colombia no ha sido la excepción y aunque cuenta con un
Plan de Acción muy bien elaborado este no ha sido todavía
puesto en marcha. Durante el último gobierno, se han adelantado
acciones tendientes a identificar y capturar a los cabecillas de
las redes de tráfico de mujeres, niños y niñas
y se han tratado algunos de los temas del Plan de Acción
gracias a la creación del Comité Interinstitucional
para la Lucha contra el Tráfico de Mujeres y Niños,
conformado por algunos de los Ministerios del gobierno y ONGs; pero
las acciones más importantes -tomadas directa o indirectamente-
contra la explotación sexual comercial de estos niños
y niñas las han realizado hasta ahora algunas ONGs con sus
propios recursos y con el auspicio de algunas instituciones gubernamentales
-v.gr. el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF- y de
donantes particulares que bien han sido personas naturales, personas
jurídicas e incluso gobiernos de otros países.
Hace apenas unos quince años en nuestro país no se
tenía conciencia de la explotación sexual de niñas,
y mucho menos de niños, con la magnitud que hoy es evidente
para cualquier observador que en la calle se encuentra con ellos
y ellas ofreciendo sus "servicios", o cuando se percata
de que en Internet se ofrecen servicios turísticos en nuestras
ciudades que incluyen actividades sexuales con niños o niñas.
Hacia 1988 en Bogotá, un grupo de personas -de entre los
que surgieron los miembros de lo que hoy es la Fundación
Renacer- que colaboraba de manera voluntaria en el "acompañamiento
y escucha" de las mujeres vinculadas a la prostitución,
y que había surgido de su vocación y deseo de ayuda
para extender los trabajos realizados por las Religiosas Adoratrices,
comenzó a identificar a un creciente número de niños
y niñas que, se pensaba, también estaban involucrados
en la prostitución.
Este procedimiento de acompañamiento y escucha, que había
sido introducido por el Padre Bernard Adam como resultado de su
interpretación de la Teología de la Liberación
y que se conoció como modalidad de medio abierto, pretendía
"salir del convento y acercarse a esas chicas en su propio
medio para tener una visión diferente de la mujer prostituida".
Con algunas modificaciones y adecuaciones es aún hoy utilizado
como una estrategia de contacto y de investigación de esta
y otras problemáticas sociales.
Para algunos de los integrantes del grupo -en aquel entonces Grupo
Renacer- aquellos niños y niñas se convirtieron en
su meta de acompañamiento y escucha y durante un largo tiempo
tuvieron la oportunidad de acercarse a los(as) niños(as),
ganarse su confianza y afecto y conocerlos(as) mucho más
profundamente.
El contacto y la comunicación con estos niños y niñas,
el afecto que los fue uniendo a ellos(as) y el descubrir que eran
muchos más que los inicialmente identificados(as) determinó
que muy pronto estos voluntarios se plantearan metas más
ambiciosas que trascendieran el propósito de acompañamiento
y escucha, pues la modalidad de medio abierto estaba especialmente
dirigida a evangelizar en la Fe Cristiana -tarea que no se sentían
en capacidad de realizar adecuadamente por su condición laica-
y ellos más bien habían identificado áreas
y características en las se podía y se requería
intervenir no solo desde una perspectiva religiosa sino desde una
perspectiva profesional.
Simultáneamente, se había presentado un distanciamiento
en el trabajo con las mujeres adultas quienes habían sido
contactadas por algunos movimientos políticos que, con el
fin de que ellas reforzaran y promovieran sus objetivos, las habían
vinculado en manifestaciones y eventos públicos relacionados
con la redacción de la nueva Constitución de Colombia
en 1991. De hecho, se conformó una comisión que hizo
contacto con algunas personalidades protagonistas de la Asamblea
Nacional Constituyente bajo el concepto implícito en el lema
"Mujer sin alternativas, mujer prostituida" en una abierta
expresión de la lucha por sus derechos y buscando generar
conciencia en la opinión pública respecto de la prostitución
más como un asunto de origen social que como una elección
personal, que exige por lo tanto soluciones de orden social.
Para este grupo de voluntarios a quienes no les parecía
suficiente la aproximación de los religiosos, tampoco resultaba
interesante esa perspectiva política.
Entonces, tal vez por el hecho de centrar su atención en
los niños y niñas desviando su atención de
las adultas, lo que para el padre Adam y las religiosas del grupo
podía apartarlos de su propósito original, se presentó
un movimiento que terminó con la separación de este
grupo laico, permitiendo que los religiosos continuasen con su trabajo
Pastoral, mientras este concebía y desarrollaba una estrategia
profesional que permitiera una opción de vida diferente para
los niños y niñas que estuviesen en riesgo o siendo
explotados o abusados sexualmente.
Con ese propósito durante más de un año, los
integrantes del nuevo grupo realizaron actividades en dos grandes
líneas:
Por una parte, aquella que les permitiera legal y oficialmente
definirse y delimitar su razón social para lo cual redactaron
una propuesta de estatutos que finalmente fue sometida a consideración
de la Alcaldía Mayor de Santa Fe de Bogotá para obtener
Personería Jurídica; la que les fue expedida con el
No. 175 el 18 de marzo de 1994 para lo que en adelante se conocería
como Fundación Renacer y que habría de convertirse
en un equipo multidisciplinario con un rumbo propio, profesional
e independiente de aquel grupo en el que se había gestado.
Por la otra parte, la intención era conocer profundamente
a los(as) niños(as) para comprender apropiadamente sus características,
y a partir de ese entendimiento poder encontrar la forma más
adecuada de abordarlos profesionalmente en procura de que pudiesen,
con sus medios y un poco de ayuda, construir una nueva alternativa
de vida.
Sabían que estos niños y niñas han sufrido
el impacto emocional derivado de estructuras familiares descompuestas
en las que es común un número grande de hijos de diferentes
padres conviviendo con el padrastro de turno; no era nuevo para
ellos escuchar historias de maltrato, de ausencia de relaciones
afectivas, sin reglas y sin una estructura moral definida. La pobreza,
la incipiente o nula educación formal, la desnutrición,
las condiciones insalubres y, también con mucha frecuencia,
el abuso sexual y la explotación laboral que marcaban sus
relatos permitieron ir configurando un incipiente perfil de los(as)
niños(as) en riesgo.
La inquietud entonces radicaba en encontrar la manera con la cual
se pudieran abordar tanto los niños y las niñas en
riesgo como aquellos(as) explotados(as) sexualmente y con experiencia
de calle y drogas, sin caer en un sistema asistencial que sirviera
para atenuar simplemente los vacíos, sufrimientos y necesidades
inmediatas sino que más bien propiciara las condiciones para
que cada niño o niña encontrase su nuevo camino hacia
una vida digna, satisfactoria y productiva según sus propios
talentos, posibilidades y expectativas.
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