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Puede definirse como el sentido de proyección o trascendencia
que cada sujeto le da a su propia existencia o como el sentido de
actualización de la tendencia natural al crecimiento; este
sentido se materializa en los proyectos, metas y objetivos que cada
quien se propone sobre la base del reconocimiento de sus potencialidades
inherentes como ser inconcluso y de la creencia en la vocación
fundamental de la persona hacia el ser-más.
Merced al proceso de socialización los niños y niñas
han construido una autoimagen de fracaso e incompetencia; no han
desarrollado la confianza básica en sí mismos que
les permita creer en su capacidad y en sus opciones de éxito;
frecuentemente tienen miedo de enfrentar decisiones y elecciones
que impliquen arriesgar los esquemas de pensamiento y acción
conocidos a pesar de verificar una y otra vez la ineficacia e irrealidad
de los mismos.
Sus horizontes de crecimiento personal se encuentran desdibujados
en parte por la deprivación y la pobreza de experiencias
vitales que en el momento crítico no les permitieron fantasear
y recrearse inventando ideales de vida; también porque han
carecido de modelos positivos a lo largo de la vida en la familia
y en el contexto social inmediato; en la calle, la experiencia de
vivir cada día como si fuesen adultos les ha negado la posibilidad
de comportarse como niños que sueñan con un tiempo
futuro; por el contrario, la calle les fuerza a vivir el momento
como lo único seguro, todo lo demás es incierto.
La constante inminencia de la muerte distorsiona su noción
del tiempo: un mes puede ser un año, una persona que haya
cumplido más de veinticinco años es anciana; la distancia
temporal que los separa de sus familias es generalmente inconsistente:
para ellos la infancia con su familia es lo más remoto, un
recuerdo vago; su propia edad es muchas veces un misterio: dicen
tener mucha más edad de la que realmente tienen, como si
negando el tiempo pudieran destruir los acontecimientos dolorosos.
El tiempo tampoco existe hacia atrás: solo existe memoria
para el hoy.
Las dificultades derivadas del desarrollo incipiente de las competencias
y habilidades para el aprendizaje y el desempeño práxico,
los bajos umbrales de tolerancia al error, el miedo y la inseguridad
generan sentimientos de ineficacia personal e incompetencia social,
que se desplazan sobre el entorno aumentando los comportamientos
disociadores y el sentimiento de marginalidad; de aquí derivarán
repetidos fracasos para incorporarse en ambientes laborales "normalizados".
En la segunda parte intentaremos mostrar de qué manera,
a partir de las características de los(as) niños(as)
que hemos esbozado aquí, el programa de atención integral
que hemos venido desarrollando, enriquecido permanentemente por
la experiencia derivada del contacto cotidiano con ellos(as), procura
responder no solo a sus características sino ante todo a
sus anhelos, sueños e ideales teniendo como pilar fundamental
la perspectiva de sus derechos.
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