Política Social frente a la Explotación Sexual Infantil
en América Latina y el Caribe
Si hablamos sobre América latina y el Caribe, no podemos
definir una sola realidad, una sola conclusión que nos acerque
a definiciones que expliquen la situación social en la que
se desenvuelven nuestros niños y niñas. Concluir en
una frase sonora y resonante el porqué de la explotación
sexual infantil en nuestro continente es tan avezado como puntualizar
en uno, las secuelas imborrables que quedan en la mente de los niños
y niñas que han debido ejercer la prostitución.
Diversidad étnica, cultural, social, marginalidad, analfabetismo,
pobreza, represión familiar y estatal etc. Son uno de tantos
elementos constructores de la debacle a la que se someten nuestros
niños, estos y muchos mas factores son los que podríamos
apuntar como óbices de la situación que se presenta
en América Latina y el Caribe, sin embargo no pueden ser
tomados como un único formato al cual puedan ser traídas
las experiencias particulares de cada región, de cada país.
América latina y el Caribe es una vasta zona poblacionalmente
hablando, diversidad de culturas, lenguas, creencias y múltiples
elementos adicionales nos otorgan una realidad que no se puede generalizar,
cada nación representa y adiciona elementos distantes de
la realidad social de su vecina nación, somos en gran proporción
iguales en problemáticas, pero diferentes en los elementos
estructurales de dichas problemáticas.
Aún cuando sociológicamente se pretenda cerrar filas
sobre la unión definitiva de conceptos hacia una América
latina estructurada de manera uniforme, la realidad, su realidad,
es otra, variada, multifacetica y por que no decirlo cambiante y
continua.
Así bien las Políticas Sociales que se estructuran
en los diferentes países son en una generalidad de marco
conceptual, homogéneas en cuanto a su unidad de pensamiento
y objeto social. La creación de entidades como el Instituto
Interamericano del niño (IIN), organismo especializado de
la Organización de los Estados Americanos (OEA), fundado
en 1927 con el propósito fundamental de promover la generación
de políticas sociales sobre niñez y articular la relación
del estado con la sociedad civil, y ayudar a desarrollar una conciencia
critica frente a los problemas que afectan a los niños y
niñas en las Américas y el Caribe.
La adhesión de los países de las Américas
y del caribe al Pacto de Estocolmo, óbice éste de
la declaración de protección y erradicación
de la prostitución infantil en el mundo. Cientos de organizaciones
no gubernamentales alrededor del mundo trabajan en la búsqueda
sin cesar de herramientas capaces de combatir la realidad social
que enfrentan a los niños y niñas a la explotación
sexual.
Políticas sociales en América Latina y el Caribe
es hablar de la gravisima situación en la que nuestros niños
se ven enfrentados día a día, que aumenta en proporciones
de tal magnitud, que si no tenemos una actitud desafiante ante los
proxenetas, pedófilos y organizaciones de reclutamiento de
niños y niñas y la comercialización de estos
a países de Europa y Asia, nuestra realidad en unos pocos
años, será que nos habrán robado nuestro futuro,
nuestros países perderán de manera ostensible su capacidad
de tener mejores generaciones, capaces y con liderazgo, tendremos
generaciones llenas de traumas y conflictos emocionales, psíquicos,
físicos y otros tantos que no tendremos oportunidad alguna
de creer en un mejor futuro.
Las políticas sociales no deben ser vistas como problema
exclusivo del Estado, debemos asumir que dicho problema es de todos
nosotros, cada uno de nosotros provenimos de un núcleo familiar,
base de la sociedad y consecuentemente eje del estado moderno, según
la concepción clásica de la familia. Así pues,
dentro de nuestras familias, cuantos niños y niñas
existen?, Cuántos adolescentes son nuestros familiares, cuán
descuidados y en riesgo pueden estar?, estarán inmersos en
la explotación sexual infantil?.
Así al hacernos estas simples preguntas entenderemos que
las políticas sociales, no pueden trasladarse exclusivamente
a nuestros gobiernos, somos nosotros quienes podemos detectar de
primera mano el riesgo, propensión y otras mas situaciones
que puedan tener nuestros niños y niñas, somos nosotros,
los miembros activos de la sociedad quienes debemos hacer frente
a esta realidad ante la cual no podemos mas decir que no existe,
que no nos toca, que es nueva para nosotros.
La explotación sexual infantil no es un fenómeno
exclusivo de los pobres, ni de los desplazados por conflictos armados,
o por las etnias o población marginal, las clases media alta,
todas , absolutamente todas tienen riesgo de ser víctimas
de este flagelo. Que diferencia existe entre una niña que
se prostituye en una calle céntrica de cualquiera de nuestras
ciudades, recibiendo unos pocos pesos por su cuerpo con los cuales
puede llevar un pedazo de comida a su casa y otra menor que es contactada
a su casa mediante celulares, beepers y que por el contrario es
una niña de una clase social solvente que busca al prostituirse
tener medios económicos para adquirir joyas, ropa y demás
lujos.
Habrá alguna diferencia... definitivamente NO, son en conclusión
dos menores que tendrán para siempre en su mente esa realidad,
difícil de borrar, con secuelas que probablemente jamás
superará del todo. Así es la realidad del problema
social de la explotación sexual infantil, amplio y variado,
pero ante el cual nuestra posición no debe ser solo la del
asombro y la perplejidad, nuestra tarea es estar atentos a nuestras
hijas, hijos, primas, primos, familiares, vecinos, debemos denunciar,
crear frentes sociales que ataquen los sitios de prostitución
infantil, acudir a las organizaciones, fundaciones y entidades del
Estado para denunciar y hacer frente a quienes pretenden arrebatarnos
nuestro futuro nuestra esperanza.
Nuestros gobiernos a media marcha han reconocido dentro de sus
políticas sociales, el tema de la prostitución infantil
como uno de los temas a los cuales disponen de algunos escasos recursos
para hacer frente a una realidad que es mayor a lo que los empleados
públicos dentro de sus oficinas pretenden saber. Grave problema
es la judicialización, sus múltiples etapas y los
complicados procedimientos impiden hacer justicia de una manera
oportuna y eficiente, por lo cual salta a la realidad que los escasos
procesos judiciales no coincidan con la magnitud de las denuncias
reales y de los hechos estimados.
De manera que le importa al Estado la labor de crear entidades
y organismos especializados en el tema, produciendo resultados eficientes,
haciendo factible las denuncias, sin temor a las represalias, crear
organismos de vigilancia permanente y de seguimiento al problema
de la explotación sexual infantil, ahunando la ayuda a las
organizaciones no gubernamentales que trabajan en pro de la resocialización
de los menores afectados por dicho problema.
Se necesitan respuestas institucionales bajo la égida de
una directriz de pensamiento común y sobre el horizonte temático
de pretender llegar a determinado puerto, de lo contrario los esfuerzos
institucionales se quedan atravesados en papeleos y burocracia.
Se necesita una estrategia de choque directa, enfilando esfuerzos
entre el sector central y el sector privado, no pueden estar alejados
la sociedad civil de las instituciones gubernamentales, dicha cohesión
es la que se promueve en el mundo como la sociedad ideal para combatir
en todos sus niveles la prostitución y explotación
sexual infantil.
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