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Explotación Sexual Infantil > El Perfil Psicosocial del niño(a) explotado sexualmente > La Identidad

Se define como el proceso de apropiación de sí mismos(as) fundamentalmente gracias al desarrollo de un discurso que permita dar cuenta de uno mismo. Implica por lo tanto el desarrollo de la capacidad para la autorreflexión y el autoconocimiento; un nivel óptimo de identificación se da cuando existe congruencia entre el concepto que el sujeto tiene de sí mismo y las retroalimentaciones que de ese concepto recibe de su propia conducta y de su entorno significativo.

Debido a las deprivaciones que han marcado la historia de los niños y niñas su estructura subjetiva revela atrasos significativos: percepción y atención disminuidas, problemas en el plano psicomotor (coordinación, orientación y esquema corporal), dificultades en el lenguaje (niveles semántico y socio-comunicativo); por lo tanto su pensamiento es marcadamente concreto, mágico y egocéntrico lo que determina que tengan dificultades en la producción de conceptos abstractos.

Otro problema en cuanto a la posibilidad del pensamiento reflexivo lo constituyen los bajos niveles de tolerancia a la espera; cuando el sujeto es incapaz de autorregular sus deseos, es decir de aplazar su satisfacción, la instauración del pensamiento reflexivo se hace más tortuosa. Estos niños, creciendo en ambientes fuertemente ansiógenos, donde la lucha por la supervivencia física y emocional es prioritaria, difícilmente alcanzan niveles superiores de simbolización y de satisfacción sublimada de sus deseos. Como consecuencia, tienden a asumir comportamientos repetitivos por la dificultad manifiesta para elaborar significativamente las experiencias.

Aquí juegan papel determinante las figuras de identificación: en vista de que las relaciones primarias del niño(a) han sido vivenciadas como opresión, juzgamiento y agresividad su autopercepción está marcada por la culpa y la vergüenza; en la medida en que esos modelos han sido interiorizados de manera ambigüa, muy poderosos y al mismo tiempo difusos e incoherentes en cuanto al establecimiento de límites, el concepto de sí mismo está atravesado por fuertes dudas y ansiedad: el sujeto no se sabe sujeto; se siente sometido al vaivén de las circunstancias o los deseos de los otros, no reconoce sus limitaciones ni sus potencialidades, no conoce de qué es capaz o hasta donde puede llegar.

En tanto la identidad se establece por el reflejo que los demás hacen de nosotros, la ausencia total o parcial de reconocimiento positivo, en especial de las figuras parentales, genera una sensación de estar perdido en el mundo, de vacío y angustia que se reflejará en todas las áreas del quehacer, la conducta y la interacción.

El problema de la identidad sexual

La observación de que no todos los niños que se vinculan a la prostitución u otras formas de explotación sexual se definen homosexuales ni tampoco tienen la intención de serlo, nos alerta acerca de la necesidad de comprender las relaciones entre el proceso de identificación sexual, las experiencias sexuales y la vivencia de las relaciones sexuales en el contexto calle-prostitución.

Como decíamos, muchos niños vinculados a la prostitución han experimentado contactos sexuales con personas de su mismo sexo a edades tempranas en condiciones de mayor o menor abandono y maltrato. El niño no puede juzgar, en principio, si tales relaciones son normales o no mas si puede reconocer si han estado acompañadas de afecto en función del ascendiente que para él tenga el otro y de la calidad de la relación previa con él. En tanto la necesidad básica del niño es el afecto, el elemento sexual tenderá a identificarse tan solo como una manifestación de aquel y solo posteriormente será problematizado, es decir, juzgado.

Unicamente es posible, entonces, hablar de verdadera opción sexual cuando y después de que las experiencias sexuales, hayan sido interpretadas y resignificadas en un contexto de confianza y apertura con adultos preparados para ello, preferiblemente en un nivel profesional. Cuando ese apoyo no es posible, y dadas condiciones como la expulsión del hogar y la ausencia de una red social de contención, los niños buscarán círculos de relaciones, más o menos marginales socialmente, donde puedan actuar o "experimentar" comportamientos sexuales recibiendo del entorno gestos de aprobación o desaprobación e incorporándolos entonces como formas propias de ser.

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